Sobre el desierto de mis horas van navegando las maderas de los barcos que no construí las silueta de los besos que no di las manos que no cogí los abrazos que nunca di sobre el desierto de mis días quedan todo lo que no di todo que no dije todo lo que no soñé todo lo que no amé sobre el desierto de mis años quedó todo el amor no dado todo los cuidados que no di todos los te quiero que no dije todo los hijos que no tuve todo lo más hermoso que perdí solo el desierto de mi vida sabe lo que ame, besé, abracé, caminé, sentí, soñé, los hijos que sí tuve, y los te quiero que dije sin cesar. Juan Manuel Álvarez Romero, ©Mané
Unir literatura y poesía... Escribir, aunque solo sea por un rato, escribir para suplir la soledad por un instante con personajes que circulan por la mesa, unos fumando, otros caminando; escuchando el sonido de sus pasos como si fuese un pasillo, con ecos... escuchar las voces que surgen cuando abres la prensa y un murmullo atronador entra en la cabeza... miles de palabras que confluyen en una sola cosa, soledad, consumismo... guerras, y mentiras disfrazadas... Escribir y sustituir la realidad